Farmacia Opinión

Vacunación en las farmacias

El tema destacado en el último Observatorio del Medicamento de FEFE, correspondiente al mes de febrero, es el de la vacunación en las farmacias.

De todos es conocido que en los países de nuestro entorno las farmacias dispensan vacunas con totales garantías sanitarias y profesionales. En España no se produce este hecho, totalmente legítimo y natural, por cuestiones políticas de competencias de las autonomías y por una lucha corporativa de proteger parcelas de actividad que perjudican finalmente a los pacientes, que no tienen fácil acceso como los ciudadanos europeos.

En el observatorio del medicamento del mes de febrero se pone de manifiesto que el medicamento de mayor facturación, en valores según IQVIA, para el año pasado en las farmacias de España ha sido la vacuna Bexsero. Y ello a pesar de ser un medicamento que cuesta alrededor de los 100 €; que no está financiado y que necesita 3 o 4 dosis y que la administración no se hace en la farmacia. La conclusión del Observatorio es que la farmacia aún con todos los factores en contra es capaz de lograr la mayor cobertura de población vacunada. Incluso más que reforzando los centros de atención primaria u hospitales públicos, con más personal sanitario en plaza para estos fines.

Además, quedaría un debate añadido sobre la retribución que se debería asignar a este canal y sobre la existencia o no de financiación y, en su caso, de copago. Lo que nadie puede dudar en el ámbito de la salud pública es que la oficina de farmacia, con datos así, demuestra tener la clave del éxito de la vacunación, que es lograr la inmunidad de grupo.

Otros asuntos sobre los que debemos reflexionar son el futuro de la atención domiciliaria para la prestación farmacéutica; el autocuidado y la promoción de la salud, actividades ordinarias de las farmacias. Es una necesidad para las cohortes que van envejeciendo — cuyo mantenimiento en centros especializados es mucho más caro y menos deseado por los afectados, que su residencia domiciliaria– disponer de la atención en su propia casa. También, porque las nuevas generaciones, mediante el uso de las tecnologías, buscan conseguir más bienes y servicios dispensados en su domicilio, aunque tengan que pagar un poco más. Esto para el canal de las farmacias es algo complicado. Tenemos una extensa red de farmacias basadas precisamente en la proximidad a domicilio. Estamos a medio camino entre el servicio llevado a la casa y el paciente desplazado hacia el punto sanitario. Si no regulamos bien lo que pretendemos lograr, podría romperse esta red de farmacias en un entorno de asistencia domiciliaria salvaje o indiscriminada, en el que las empresas más fuertes pueden acabar con las más pequeñas y peor ubicadas. Sin embargo, existen casos de éxito como la asistencia a personas discapacitadas, a residencias y demás, que sí deberían empezar a considerarse en el corto plazo como objetivo de la farmacia española.

Por último, ambas reflexiones se asientan sobre la realidad española de una farmacia de propiedad privada, perfectamente integrada en el Sistema en su actividad de prestación farmacéutica, pero respetada por la Administración, como para tenerla en cuenta en esquemas de atención primaria.

 

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